La personalidad del vino de Rioja Alavesa se debe a las notables diferencias de esta región respecto a otras zonas vitícolas en lo que se refiere a las características climáticas, edáficas, varietales…, incluso en los sofisticados cuidados a la viña y en los singulares métodos de vinificación. A continuación os citamos algunas de esas peculiaridades de la vitivinicultura de Rioja Alavesa.

Peculiaridades de la viticultura y enología de Rioja Alavesa

La ubicación de esta comarca en una zona de transición atlántico-mediterránea le garantiza a la mayoría del viñedo unas dosis suficientes de sol y de agua; la orientación al sur de ese viñedo asentado en las faldas de la Sierra de Cantabria supone el máximo aprovechamiento de la luminosidad estival. A la realidad de una integral heliotérmica muy alta para estas latitudes hay que sumar el hecho de que el 90% del viñedo sea de una vinífera tan precoz como el Tempranillo; ambos factores se traducen en una maduración excelente de la uva.

La comarca conocida desde hace siglos como «Rioja Alavesa» es una estrecha lengua de tierra de unos cuarenta kilómetros de longitud y ocho kilómetros de anchura que se extiende por el sur de Álava, entre la Sierra de Cantabria y el río Ebro.

Se encuentra a unos 40 kilómetros al sur de Vitoria-Gasteiz, capital del Territorio Histórico de Álava y del País Vasco, a los que pertenece desde el fin de la Edad Media.

Rioja Alavesa ocupa unos 316 kilómetros cuadrados, apenas el diez por ciento de la superficie de Álava, y la habitan unas once mil personas, poco más del 3% de la población alavesa.

Hay 23 núcleos de población en la comarca: Assa, Barriobusto, Baños de Ebro, Cripán, El Campillar, Elciego, Elvillar, Labastida, Labraza, Laguardia, Lanciego, Lapuebla de Labarca, Laserna, Leza, Moreda, Navaridas, Oyón, Páganos, Salinillas de Buradón, Samaniego, Villabuena de Álava, Viñaspre y Yécora.

Un suelo pobre de gran vocación vitícola, como el «cambisol cálcico» mayoritario en la comarca, supone rendimientos medios moderados, entre cinco mil y seis mil kilos de uva por hectárea, otro dato que apunta hacia la calidad del fruto.

Unos agricultores muy profesionales, dedicados desde hace siglos fundamentalmente a este cultivo que tan bien conocen y en el que invierten anualmente cantidades ingentes en tratamientos fitosanitarios y en las técnicas de cultivo más cuidadosas con la calidad del racimo; esto último es consecuencia de la filosofía imperante entre nuestros viticultores de «tener la viña cuidada como un jardín».

Analizando alguno de estos aspectos comprenderemos por qué Rioja Alavesa es una de las comarcas del planeta como mayor vocación vitivinícola:

  • Un clima seco y soleado. El clima es el factor clave, el que explica la mayor parte de las diferencias existentes entre los vinos de las distintas localidades.

  • Un suelo calizo y pobre. Las raíces de la vid se hunden en el suelo profundamente, explorando amplios volúmenes para asegurarse los nutrientes necesarios. Su potente sistema radicular le permite a la cepa vegetar incluso en suelos aparentemente muy pobre y secos.

  • Una vinífera selecta. En el binomio medio-planta constitutivodel ecosistema vitícola, el segundo factor tiene gran importancia. Cada variedad de Vitis vinífera tiene distintas exigencias de luz y calor para completar su ciclo y conseguir la completa maduración de sus uvas. Así ocurre que, en un hábitat concreto, las menos exigentes serán más precoces y madurarán antes.

  • Una vinificación de calidad: Tradición y tecnología. El vino, ciertamente, sigue siendo como antaño hijo del sol y de la tierra, pero nadie duda hoy que, un buen vino, precisa la colaboración del hombre que con su arte y técnica eleva este producto a la categoría de obra maestra.